Tengo sentimientos ambivalentes con tu texto sobre Habermas (a quien solo he conocido por entrevistas más o menos profundas): por un lado, su defensa de la racionalidad deliberativa como base de discusión de los asuntos públicos y su patriotismo constitucional (que tanto echo de menos), no dejan de ser, como dices, los anhelos de un pensador que conoció los horrores de de la guerra y el fanatismo ideológico. Incluso una melancolía (la añoranza de lo que realmente nunca existió). Escuchando el otro día a Claudio Feijóo en el podcast No es el Fin del Mundo (lo que seguramente ya habrás hecho), me asaltó la idea de que, tal vez, la democracia ilustrada es la excepción, el sistema que ya se agotó que la próxima gran potencia, China, no contempla como una herramienta necesaria. ¿Es el ser humano incapaz de superar su comportamiento guiado por emociones, y necesita, por tanto, la guía de un colectivo de "selectos" no elegidos por nadie, que velen por el "bien común"?
Pero por otro lado, viendo cómo defiendes la necesidad de seguir apostando por los valores de la Ilustración y una democracia renovada, tal vez Habermas (o su versión más joven, menos estropeada por sus últimos deslices de vejez) siga siendo más necesario que nunca. Tanto o más que el nuevo Marx que lea esta época en la que las placas tectónicas de la economía y la sociedad se están recolocando tan deprisa y profundamente.
Un placer, como siempre, leerte (en esta ocasión, escuchar a tu avatar con acento latinoamericano)
Me llevo a Claudio a las clases en la universidad, y solemos abrir debate con los alumnos sobre este mismo planteamiento: ¿cuál es la ventaja competitiva de las democracias liberales frente a una autocracia garantista de seguridad y crecimiento económico como la china? Las respuestas no son tan evidentes.
Aunque suelen acabar convergiendo tímidamente en que preferimos ser ciudadanos que empleados, al menos los occidentales.
Saludos, Ignacio. No sé si puedes desarrollar esta idea, porqué no lo entiendo muy bien, pero aún así comento un poco en base a lo qué me induce (por tanto, no está en ti lo que digo, si no en mi; no quiero achacarte mis preconcepciones xD).
"¿Es el ser humano incapaz de superar su comportamiento guiado por emociones, y necesita, por tanto, la guía de un colectivo de "selectos" no elegidos por nadie, que velen por el "bien común"?"
El bien común (dejemos de lado que puedan usarse estas dos palabras de mil modos interesados) de un grupo requiere de unas condiciones que lo posibiliten, y esas condiciones no pueden desarrollarse por consenso, diálogo o elección consensuada. La complejidad de la mayoría de sociedades políticas requiere una división del trabajo, y parte de esa división hace necesarias clases políticas. Es evidente que estas pueden perseguir sus intereses y los persiguen siempre, pero pueden hacerlo de forma parasitaria o simbiótica, por así decir.
¿Acaso los acueductos romanos, los derechos laborales o la infraestructura energética son posibles sin una sociedad jerárquica y asimétrica en cuanto poder y toma de decisiones? Incluso en las "democracias ilustradas" la mayoría de decisiones políticas han respondido a la acción de la clases políticas, especialmente de las no electas (funcionarios, miembros de ministerios, técnicos, consejeros especializados en campos de conocimiento...).
No veo mucha diferencia entre la toma de decisiones educativas, fiscales, infraestructuras, energéticas o de derechos y "culturales" incluso, en nuestra España, en la China, los EEUU de 1885, la Alemania de Bismarck, la Francia del 65, el Reino Unido de Stuart Mill, la RD de Balaguer o la Suecia de Palme, incluso del Imperio Romano. En todas ellas no creo que "el ser humano", entiendo los ciudadanos de una sociedad política, hayan tenido participación relevante. El hecho de que un político sea elegido mediante representación procedimental no implica que el ciudadano participe ni en la deliberación sobre el tipo de bien común ni en las políticas para alcanzarlo. Tampoco implica que esas políticas representen los intereses del ciudadano, sean estos declarados y conscientes o no-declarados pero existentes (ejemplo: un ecologismo radical puede ser declarado y querido pero atentar contra la subsistencia alimentaria, interés existente no declarado; el pacifismo es otro ejemplo análogo de esta última distinción, como lo es la querencia por una pureza racial o de linaje sanguíneo). El comportamiento de los Estados modernos es muy similar, y es aventurado establecer una relación causal entre ciertos comportamientos y tipo de régimen. Siempre pienso que un debate empírico o la "competición" entre tipos de regímenes empieza hoy, una vez las condiciones son las mismas, esto es, se han modernizado.
Es más: creo que muchas de esas condiciones del bien común son más fruto de las "épocas" y de factores estructurales, sin que haya una o unas mentes concretas detrás. Precisamente, son algo social y grupal, comunitario y público, influido por tendencias históricas y el entorno. Son propiedades de "grupos" más allá de sus miembros y podríamos usar la idea de selección multi-nivel en biología para hacer un símil. Digo esto para ofrecer una tercera vía entre el binarismo elitismo/populismo o selectos/mayorías o democracias/antiguo régimen-autocracia.
Por “bien común” me estaba refiriendo a una simplificación. Desde luego que la complejidad de la gestión pública escapa a la deliberación, comprensión y decisión cotidiana del ciudadano medio. Tus ejemplos son todos válidos.
Aunque una tecnocracia puede ser democrática, si los votantes comprenden al menos la dirección que quieren emprender los votados. Al menos el “bien común” sería mínimamente debatido. Creo que Habermas va por ahí, y que tu crítica realista de los sistemas democráticos va por otro.
Mi punto es, precisamente, que la China de hoy prescinde de formalismos democráticos porque considera que Habermas no tenía razón ni podía tenerla, sencillamente porque la complejidad de la gestión de lo público inhabilita el debate democrático, que podría llegar a ser eterno y seguramente nos llevaría a un punto muerto. Y creo que lo piensan porque ven que la política democrática actual es, cada vez más, una partitocracia demoscópica que juega con nuestras emociones y valores en vez de intentar convencernos de las alternativas posibles. En definitiva, un simple sistema de acceso al poder para luego hacer lo que tú comentas.
Que esto haya sido siempre así en mayor o menor medida es discutible, sí podríamos decir que ha habido momentos de más o menos legitimidad de los políticos y de más o menos confianza hacia ellos. Habermas venía de una generación que había vivido la guerra y, tal vez por ello, construyó un sistema más robusto que el que tenemos ahora. Por eso el texto de Javier me deja oscilando entre la nostalgia de un idealista como el alemán, y el fatalismo al comprobar que sus teorías parecen hoy imposibles.
Totalmente de acuerdo: las partitocracias actuales se desacreditan solas y el parasitismo es mucho mayor hoy en día aquí que en otros regímenes no democráticos. Y por hacer la coña: cada vez más los votantes españoles comprender la dirección de los votados: anti-servicio público y aferrarse a la butaca xD
Mi reflexión general es señalar que el tipo de régimen no importa, que no es la democracia la exitosa o fallida, sino una serie de comportamientos y características inherentes a distintas sociedades políticas pese a la forma de gobierno (rasgos funcionales, en vez de formales). Lo qué mencionas de dónde venía Habermas, de la hecatombe, es una regularidad histórica, no perfecta, pero sí recurrente: el aprender tras periodos malos, ya sean de pobreza, de conflicto interno o de debilidad respecto a otros Estados. Ahí se asume por los políticos que el beneficio propio ha de ir de la mano de un mínimo de servicio público.
Y sobre el ejemplo China una nota más: no todas las sociedades son iguales por su historia y cultura. No es baladí que sociedades con tradición personalista, o burocrática, o militar o tribal (estudiar el caso afgano ha sido muy enriquecedor para mí) tengan aspectos distintos y mantengan tipos de regímenes que han experimentado históricamente. No todo puede generalizarse, ni puede hacerse fácilmente o sin riesgo de iatrogenias graves. Lo qué da frutos en un lugar puede no darlo en otro, y los efectos que buscamos (aquí las similitudes funcionales y diferencias formales) pueden conseguirse de otro modo.
Gracias por tu intento de traducirnos la filosofía de Habermas. A veces es dificil llevar a la calle el lenguaje filosófico. Un gran traductor para mi fue Leopoldo Zea, un gran pensador mexicano. Con vosotros estoy entendiendo por fin algo de lo que significa entropia y a lo mejor consigo superar el relativismo. Creo que todos necesitamos un pensamiento que nos ubique!
Habermas es una de mis muchas cuentas pendientes, aunque después de leer este texto tengo la sensación de saber algo más sobre él. Dicho esto, voy a dar el salto atrevido de decir que siempre me sorprende que filósofos que hablan mucho de la razón den por entendido qué significa. Digo atrevido porque igual resulta que Habermas sí da una definición más o menos formal de "racionalidad", pero vamos, sería la excepción. Quizás Kant y Hegel sean los únicos que la definen, y la definición requiere toda su filosofía: qué es "lógica" en Hegel, y todos los mecanismos del conocimiento en la Crítica de la razón pura. Cuando se trata la "razón" en detalle, no como sobrentendido, las diferencias con su supuesto opuesto, lo visceral, lo animal, lo instintivo, lo tribal, suelen comenzar a borrarse...
Pero lo dicho, ni idea de Habermas, así que esto es más una reflexión general. Gran texto, como siempre, salgo con la sensación de haber aprendido algo y estimula el pensamiento, gracias por compartir.
No recuerdo ahora mismo que Habermas ofrezca una definición simple y directa de "razón" o "racionalidad", pero sí que la asocia a la forma en que los sujetos capaces de lenguaje y de acción usan el conocimiento de forma justificada. Desde luego, esta noción dista mucho de la entidad metafísica abstracta de los Kant o Hegel, y está más bien encarnada en el conocimiento, el habla y la acción. La razón instrumental sería una degradación de la razón en general, como mero instrumento para la autoconservación y el dominio técnico sobre la naturaleza y los hombres, mientras que la razón comunicativa extendería esa forma procedimental de interacción basada en la lógica de la argumentación, donde los interlocutores coordinan sus planes mediante pretensiones de validez (verdad, rectitud y veracidad) que son defendidas con razones en un diálogo libre.
Ciertamente, a veces conviene regresar a los fundamentos y a las definiciones más elementales para evitar equívocos que nos enredan en discusiones semánticas que no conducen a ningún lado - para Hume, todo lo demás merece la hoguera. Pero no conozco a autores - salvo casos como el de Spinoza o ni siquiera - que partan totalmente de cero, dando siempre por supuestos algunos conceptos.
Gracias, en cualquier caso, por tu interés y tus palabras.
1.- "La supervivencia de la democracia depende de la capacidad de los ciudadanos para debatir, argumentar y escucharse mutuamente."
Esa capacidad no es cognitiva e individual, sino la existencia de un pluralismo de fuentes de información capaces de alcanzarse mutuamente con suficiente peso, altavoces e intereses propios. Requiere un flujo más o menos horizontal de información, no uno vertical; y es una cuestión de poder, influencia junto a dinámicas sociales y el aspecto técnico que siempre mencionas. Distintas opiniones e intereses han de tener la misma (esto es un ideal, se entiende una capacidad mínima) capacidad de alcance, cosa que no sucede por el funcionamiento de la comunicación actual. Esta comunicación es vertical y unidireccional, y en muchas ocasiones alejada de los aspectos cotidianos de la vida propia (por eso se aleja la gente de muchos medios: porqué no reflejan la realidad y no tocan muchas cosas). El único pluralismo existente en España es servil a redes clientelares, ya sean regionales o por afinidad a partidos políticos, y en el fondo no es muy plural.
Sí existen opinadores más o menos libres que dan lugar a un pluralismo, pero el pluralismo democrático debe ser de "lobbys", de facciones, de grupos organizados y no de individuos (esto es una fantasía). Y para que esto sea así debe haber una dependencia de intereses que incluya a la gente, pero ya los partidos no requieren bases civiles, los sindicatos trabajadores o los agentes económicos vínculo con el territorio. En suma: existe una uniformidad importante en el ámbito de la opinión pública.
2.- "No obstante, para mantener un consenso y una cohesión mínimas y evitar el desgarro de la democracia, urgía entonces y lo sigue haciendo ahora diseñar mecanismos de incentivos para la reconstrucción de un mínimo común ético."
Yo diría que hace falta una racionalidad política y patriotismo en las élites y una cohesión pueblo-élites. La primera existe (así jugamos con las múltiples acepciones de racionalidad de los "frankfurtianos") en el fondo, pues todos los partidos tienen un comportamiento afín y unos intereses idénticos; pero no existe patriotismo ni voluntad de servicio público. Cuando digo que no existe quiero decir que no existe en absoluto (prácticamente, vaya), en parte por el funcionamiento de las redes clientelares, en parte por la bonanza en que hemos vivido y por modas intelectuales endogámicas en que se forman dichas élites políticas, económicas y culturales. Al no haber voluntad de servicio público, el consenso sobre objetivos y modos de alcanzarlos es totalmente secundario. La cohesión gente-élites (o representación de la Nación a través de la acción del Estado) está rota, y la "representación procedimental" (un régimen es legítimo por ser electo mediante votos) es secundaria, pese al sesgo legalista/idealista de la mentalidad occidental (tu abogado te representa si persigue tus intereses, no sólo por el contrato firmado y la otorgación de poderes).
Muy a mi pesar, creo que no hay mecanismos que podamos diseñar para esto. Ya he mencionado en tu blog que no soy demócrata ni anti-demócrata, y que estas propiedades o comportamientos no son inherentes al tipo de régimen o forma de gobierno. El pluralismo de facciones o "lobbys" puede existir sin democracia, y el monismo de partido único puede existir en democracias; el servicio público o su ausencia lo mismo, y también la cohesión social, la representación junto a las buenas/malas políticas. Creo que hay factores históricos, junto a otros estructurales de diversa índole, de estatus entre las élites e incluso simbólicos y relacionados con mitos, asunciones y cosmovisiones culturales causantes de ellas. Eso sí es importante: una democracia sin pluralismo real ni representación fáctica (no sólo la procedimental) no tiene muchas de las virtudes que se le achacan a las democracias en comparación con otros tipos de régimen (sí mantiene la rotación en el poder de élites con menor confrontación interna, una de sus mayores virtudes, por ejemplo).
PD: No he leído a "ese hombre pegado a una nariz" que es Habermas (nadie puede competir con Hobsbawm en atributos estéticos), pero recuerdo un artículo cojonudo de Charles Wright Mills sobre todo esto en su libro 'Poder, política y pueblo' escrito en los 50 o 60 que seguramente sería una colleja a Habermas y a la mayoría de intelectuales (un grande Mills, poco conocido, creo, y un verdadero intelectual comprometido). También Sheldon Wolin atizaba a las supuestas explicaciones de cómo son y funcionan las democracias del pasado aplicadas al hoy, así como la relación entre liberalismo y democracia. No puedo no citar a Mills, con su habitual ironía y claridad expresiva, y ya no sé si lo cité en tu blog o en otro en una ocasión:
"Son los niveles medios que el periodista y el investigador de la política tienden más fácilmente a entender y sobre los que escriben más—aunque solo sea porqué, perteneciendo ellos mismos fundamentalmente a la clase media, están más cerca. Además, estos niveles aportan el ruidoso contenido de la mayoría de las noticias y los chismes “políticos"; las imágenes de estos niveles están más o menos de acuerdo con la idea popularizada de estos de cómo funciona la democracia; y, si se acepta la imagen maestra del equilibrio, muchos intelectuales, especialmente en su actitud patriotera, están dispuestos a satisfacer el optimismo político que quieren sentir (…) Estas son las imágenes de la democracia que todavía se utilizan como justificaciones operantes del poder en los Estados Unidos, Debemos reconocer ahora esta descripción como un cuento de hadas más que como una explicación útil. Las cuestiones que ahora informan el destino del hombre ni las plantea ni decide el gran público. La idea de una sociedad que está compuesta en la base por el gran público no es un hecho indudable; es la proclamación de un ideal e, igualmente, la afirmación de una justificación que se pone la máscara de hecho.”
Tengo sentimientos ambivalentes con tu texto sobre Habermas (a quien solo he conocido por entrevistas más o menos profundas): por un lado, su defensa de la racionalidad deliberativa como base de discusión de los asuntos públicos y su patriotismo constitucional (que tanto echo de menos), no dejan de ser, como dices, los anhelos de un pensador que conoció los horrores de de la guerra y el fanatismo ideológico. Incluso una melancolía (la añoranza de lo que realmente nunca existió). Escuchando el otro día a Claudio Feijóo en el podcast No es el Fin del Mundo (lo que seguramente ya habrás hecho), me asaltó la idea de que, tal vez, la democracia ilustrada es la excepción, el sistema que ya se agotó que la próxima gran potencia, China, no contempla como una herramienta necesaria. ¿Es el ser humano incapaz de superar su comportamiento guiado por emociones, y necesita, por tanto, la guía de un colectivo de "selectos" no elegidos por nadie, que velen por el "bien común"?
Pero por otro lado, viendo cómo defiendes la necesidad de seguir apostando por los valores de la Ilustración y una democracia renovada, tal vez Habermas (o su versión más joven, menos estropeada por sus últimos deslices de vejez) siga siendo más necesario que nunca. Tanto o más que el nuevo Marx que lea esta época en la que las placas tectónicas de la economía y la sociedad se están recolocando tan deprisa y profundamente.
Un placer, como siempre, leerte (en esta ocasión, escuchar a tu avatar con acento latinoamericano)
Me llevo a Claudio a las clases en la universidad, y solemos abrir debate con los alumnos sobre este mismo planteamiento: ¿cuál es la ventaja competitiva de las democracias liberales frente a una autocracia garantista de seguridad y crecimiento económico como la china? Las respuestas no son tan evidentes.
Aunque suelen acabar convergiendo tímidamente en que preferimos ser ciudadanos que empleados, al menos los occidentales.
Un placer, como siempre, tu comentario.
Saludos, Ignacio. No sé si puedes desarrollar esta idea, porqué no lo entiendo muy bien, pero aún así comento un poco en base a lo qué me induce (por tanto, no está en ti lo que digo, si no en mi; no quiero achacarte mis preconcepciones xD).
"¿Es el ser humano incapaz de superar su comportamiento guiado por emociones, y necesita, por tanto, la guía de un colectivo de "selectos" no elegidos por nadie, que velen por el "bien común"?"
El bien común (dejemos de lado que puedan usarse estas dos palabras de mil modos interesados) de un grupo requiere de unas condiciones que lo posibiliten, y esas condiciones no pueden desarrollarse por consenso, diálogo o elección consensuada. La complejidad de la mayoría de sociedades políticas requiere una división del trabajo, y parte de esa división hace necesarias clases políticas. Es evidente que estas pueden perseguir sus intereses y los persiguen siempre, pero pueden hacerlo de forma parasitaria o simbiótica, por así decir.
¿Acaso los acueductos romanos, los derechos laborales o la infraestructura energética son posibles sin una sociedad jerárquica y asimétrica en cuanto poder y toma de decisiones? Incluso en las "democracias ilustradas" la mayoría de decisiones políticas han respondido a la acción de la clases políticas, especialmente de las no electas (funcionarios, miembros de ministerios, técnicos, consejeros especializados en campos de conocimiento...).
No veo mucha diferencia entre la toma de decisiones educativas, fiscales, infraestructuras, energéticas o de derechos y "culturales" incluso, en nuestra España, en la China, los EEUU de 1885, la Alemania de Bismarck, la Francia del 65, el Reino Unido de Stuart Mill, la RD de Balaguer o la Suecia de Palme, incluso del Imperio Romano. En todas ellas no creo que "el ser humano", entiendo los ciudadanos de una sociedad política, hayan tenido participación relevante. El hecho de que un político sea elegido mediante representación procedimental no implica que el ciudadano participe ni en la deliberación sobre el tipo de bien común ni en las políticas para alcanzarlo. Tampoco implica que esas políticas representen los intereses del ciudadano, sean estos declarados y conscientes o no-declarados pero existentes (ejemplo: un ecologismo radical puede ser declarado y querido pero atentar contra la subsistencia alimentaria, interés existente no declarado; el pacifismo es otro ejemplo análogo de esta última distinción, como lo es la querencia por una pureza racial o de linaje sanguíneo). El comportamiento de los Estados modernos es muy similar, y es aventurado establecer una relación causal entre ciertos comportamientos y tipo de régimen. Siempre pienso que un debate empírico o la "competición" entre tipos de regímenes empieza hoy, una vez las condiciones son las mismas, esto es, se han modernizado.
Es más: creo que muchas de esas condiciones del bien común son más fruto de las "épocas" y de factores estructurales, sin que haya una o unas mentes concretas detrás. Precisamente, son algo social y grupal, comunitario y público, influido por tendencias históricas y el entorno. Son propiedades de "grupos" más allá de sus miembros y podríamos usar la idea de selección multi-nivel en biología para hacer un símil. Digo esto para ofrecer una tercera vía entre el binarismo elitismo/populismo o selectos/mayorías o democracias/antiguo régimen-autocracia.
Hola Calda
Por “bien común” me estaba refiriendo a una simplificación. Desde luego que la complejidad de la gestión pública escapa a la deliberación, comprensión y decisión cotidiana del ciudadano medio. Tus ejemplos son todos válidos.
Aunque una tecnocracia puede ser democrática, si los votantes comprenden al menos la dirección que quieren emprender los votados. Al menos el “bien común” sería mínimamente debatido. Creo que Habermas va por ahí, y que tu crítica realista de los sistemas democráticos va por otro.
Mi punto es, precisamente, que la China de hoy prescinde de formalismos democráticos porque considera que Habermas no tenía razón ni podía tenerla, sencillamente porque la complejidad de la gestión de lo público inhabilita el debate democrático, que podría llegar a ser eterno y seguramente nos llevaría a un punto muerto. Y creo que lo piensan porque ven que la política democrática actual es, cada vez más, una partitocracia demoscópica que juega con nuestras emociones y valores en vez de intentar convencernos de las alternativas posibles. En definitiva, un simple sistema de acceso al poder para luego hacer lo que tú comentas.
Que esto haya sido siempre así en mayor o menor medida es discutible, sí podríamos decir que ha habido momentos de más o menos legitimidad de los políticos y de más o menos confianza hacia ellos. Habermas venía de una generación que había vivido la guerra y, tal vez por ello, construyó un sistema más robusto que el que tenemos ahora. Por eso el texto de Javier me deja oscilando entre la nostalgia de un idealista como el alemán, y el fatalismo al comprobar que sus teorías parecen hoy imposibles.
Totalmente de acuerdo: las partitocracias actuales se desacreditan solas y el parasitismo es mucho mayor hoy en día aquí que en otros regímenes no democráticos. Y por hacer la coña: cada vez más los votantes españoles comprender la dirección de los votados: anti-servicio público y aferrarse a la butaca xD
Mi reflexión general es señalar que el tipo de régimen no importa, que no es la democracia la exitosa o fallida, sino una serie de comportamientos y características inherentes a distintas sociedades políticas pese a la forma de gobierno (rasgos funcionales, en vez de formales). Lo qué mencionas de dónde venía Habermas, de la hecatombe, es una regularidad histórica, no perfecta, pero sí recurrente: el aprender tras periodos malos, ya sean de pobreza, de conflicto interno o de debilidad respecto a otros Estados. Ahí se asume por los políticos que el beneficio propio ha de ir de la mano de un mínimo de servicio público.
Y sobre el ejemplo China una nota más: no todas las sociedades son iguales por su historia y cultura. No es baladí que sociedades con tradición personalista, o burocrática, o militar o tribal (estudiar el caso afgano ha sido muy enriquecedor para mí) tengan aspectos distintos y mantengan tipos de regímenes que han experimentado históricamente. No todo puede generalizarse, ni puede hacerse fácilmente o sin riesgo de iatrogenias graves. Lo qué da frutos en un lugar puede no darlo en otro, y los efectos que buscamos (aquí las similitudes funcionales y diferencias formales) pueden conseguirse de otro modo.
Un gusto la charla.
Gracias por tu intento de traducirnos la filosofía de Habermas. A veces es dificil llevar a la calle el lenguaje filosófico. Un gran traductor para mi fue Leopoldo Zea, un gran pensador mexicano. Con vosotros estoy entendiendo por fin algo de lo que significa entropia y a lo mejor consigo superar el relativismo. Creo que todos necesitamos un pensamiento que nos ubique!
Habermas es una de mis muchas cuentas pendientes, aunque después de leer este texto tengo la sensación de saber algo más sobre él. Dicho esto, voy a dar el salto atrevido de decir que siempre me sorprende que filósofos que hablan mucho de la razón den por entendido qué significa. Digo atrevido porque igual resulta que Habermas sí da una definición más o menos formal de "racionalidad", pero vamos, sería la excepción. Quizás Kant y Hegel sean los únicos que la definen, y la definición requiere toda su filosofía: qué es "lógica" en Hegel, y todos los mecanismos del conocimiento en la Crítica de la razón pura. Cuando se trata la "razón" en detalle, no como sobrentendido, las diferencias con su supuesto opuesto, lo visceral, lo animal, lo instintivo, lo tribal, suelen comenzar a borrarse...
Pero lo dicho, ni idea de Habermas, así que esto es más una reflexión general. Gran texto, como siempre, salgo con la sensación de haber aprendido algo y estimula el pensamiento, gracias por compartir.
No recuerdo ahora mismo que Habermas ofrezca una definición simple y directa de "razón" o "racionalidad", pero sí que la asocia a la forma en que los sujetos capaces de lenguaje y de acción usan el conocimiento de forma justificada. Desde luego, esta noción dista mucho de la entidad metafísica abstracta de los Kant o Hegel, y está más bien encarnada en el conocimiento, el habla y la acción. La razón instrumental sería una degradación de la razón en general, como mero instrumento para la autoconservación y el dominio técnico sobre la naturaleza y los hombres, mientras que la razón comunicativa extendería esa forma procedimental de interacción basada en la lógica de la argumentación, donde los interlocutores coordinan sus planes mediante pretensiones de validez (verdad, rectitud y veracidad) que son defendidas con razones en un diálogo libre.
Ciertamente, a veces conviene regresar a los fundamentos y a las definiciones más elementales para evitar equívocos que nos enredan en discusiones semánticas que no conducen a ningún lado - para Hume, todo lo demás merece la hoguera. Pero no conozco a autores - salvo casos como el de Spinoza o ni siquiera - que partan totalmente de cero, dando siempre por supuestos algunos conceptos.
Gracias, en cualquier caso, por tu interés y tus palabras.
yo no entendí nada, pero gracias por esta dosis de ejercicio para mi cerebro, muy acostumbrado al desplazamiento infinito de las redes.
Muy bueno, Javier. Tan sólo dos cosas:
1.- "La supervivencia de la democracia depende de la capacidad de los ciudadanos para debatir, argumentar y escucharse mutuamente."
Esa capacidad no es cognitiva e individual, sino la existencia de un pluralismo de fuentes de información capaces de alcanzarse mutuamente con suficiente peso, altavoces e intereses propios. Requiere un flujo más o menos horizontal de información, no uno vertical; y es una cuestión de poder, influencia junto a dinámicas sociales y el aspecto técnico que siempre mencionas. Distintas opiniones e intereses han de tener la misma (esto es un ideal, se entiende una capacidad mínima) capacidad de alcance, cosa que no sucede por el funcionamiento de la comunicación actual. Esta comunicación es vertical y unidireccional, y en muchas ocasiones alejada de los aspectos cotidianos de la vida propia (por eso se aleja la gente de muchos medios: porqué no reflejan la realidad y no tocan muchas cosas). El único pluralismo existente en España es servil a redes clientelares, ya sean regionales o por afinidad a partidos políticos, y en el fondo no es muy plural.
Sí existen opinadores más o menos libres que dan lugar a un pluralismo, pero el pluralismo democrático debe ser de "lobbys", de facciones, de grupos organizados y no de individuos (esto es una fantasía). Y para que esto sea así debe haber una dependencia de intereses que incluya a la gente, pero ya los partidos no requieren bases civiles, los sindicatos trabajadores o los agentes económicos vínculo con el territorio. En suma: existe una uniformidad importante en el ámbito de la opinión pública.
2.- "No obstante, para mantener un consenso y una cohesión mínimas y evitar el desgarro de la democracia, urgía entonces y lo sigue haciendo ahora diseñar mecanismos de incentivos para la reconstrucción de un mínimo común ético."
Yo diría que hace falta una racionalidad política y patriotismo en las élites y una cohesión pueblo-élites. La primera existe (así jugamos con las múltiples acepciones de racionalidad de los "frankfurtianos") en el fondo, pues todos los partidos tienen un comportamiento afín y unos intereses idénticos; pero no existe patriotismo ni voluntad de servicio público. Cuando digo que no existe quiero decir que no existe en absoluto (prácticamente, vaya), en parte por el funcionamiento de las redes clientelares, en parte por la bonanza en que hemos vivido y por modas intelectuales endogámicas en que se forman dichas élites políticas, económicas y culturales. Al no haber voluntad de servicio público, el consenso sobre objetivos y modos de alcanzarlos es totalmente secundario. La cohesión gente-élites (o representación de la Nación a través de la acción del Estado) está rota, y la "representación procedimental" (un régimen es legítimo por ser electo mediante votos) es secundaria, pese al sesgo legalista/idealista de la mentalidad occidental (tu abogado te representa si persigue tus intereses, no sólo por el contrato firmado y la otorgación de poderes).
Muy a mi pesar, creo que no hay mecanismos que podamos diseñar para esto. Ya he mencionado en tu blog que no soy demócrata ni anti-demócrata, y que estas propiedades o comportamientos no son inherentes al tipo de régimen o forma de gobierno. El pluralismo de facciones o "lobbys" puede existir sin democracia, y el monismo de partido único puede existir en democracias; el servicio público o su ausencia lo mismo, y también la cohesión social, la representación junto a las buenas/malas políticas. Creo que hay factores históricos, junto a otros estructurales de diversa índole, de estatus entre las élites e incluso simbólicos y relacionados con mitos, asunciones y cosmovisiones culturales causantes de ellas. Eso sí es importante: una democracia sin pluralismo real ni representación fáctica (no sólo la procedimental) no tiene muchas de las virtudes que se le achacan a las democracias en comparación con otros tipos de régimen (sí mantiene la rotación en el poder de élites con menor confrontación interna, una de sus mayores virtudes, por ejemplo).
PD: No he leído a "ese hombre pegado a una nariz" que es Habermas (nadie puede competir con Hobsbawm en atributos estéticos), pero recuerdo un artículo cojonudo de Charles Wright Mills sobre todo esto en su libro 'Poder, política y pueblo' escrito en los 50 o 60 que seguramente sería una colleja a Habermas y a la mayoría de intelectuales (un grande Mills, poco conocido, creo, y un verdadero intelectual comprometido). También Sheldon Wolin atizaba a las supuestas explicaciones de cómo son y funcionan las democracias del pasado aplicadas al hoy, así como la relación entre liberalismo y democracia. No puedo no citar a Mills, con su habitual ironía y claridad expresiva, y ya no sé si lo cité en tu blog o en otro en una ocasión:
"Son los niveles medios que el periodista y el investigador de la política tienden más fácilmente a entender y sobre los que escriben más—aunque solo sea porqué, perteneciendo ellos mismos fundamentalmente a la clase media, están más cerca. Además, estos niveles aportan el ruidoso contenido de la mayoría de las noticias y los chismes “políticos"; las imágenes de estos niveles están más o menos de acuerdo con la idea popularizada de estos de cómo funciona la democracia; y, si se acepta la imagen maestra del equilibrio, muchos intelectuales, especialmente en su actitud patriotera, están dispuestos a satisfacer el optimismo político que quieren sentir (…) Estas son las imágenes de la democracia que todavía se utilizan como justificaciones operantes del poder en los Estados Unidos, Debemos reconocer ahora esta descripción como un cuento de hadas más que como una explicación útil. Las cuestiones que ahora informan el destino del hombre ni las plantea ni decide el gran público. La idea de una sociedad que está compuesta en la base por el gran público no es un hecho indudable; es la proclamación de un ideal e, igualmente, la afirmación de una justificación que se pone la máscara de hecho.”
Muy interesante
Gracias por compartir
Gracias a ti, Nacho. Es un placer compartir y que lo aprecies.