Justamente el martes tengo que dar en clase el Orden Mundial. Como para hablarles de Tucídides a mis alumnos... Pero la verdad es que me bastaría con darles a leer tu ensayo.
Haciendo la presentación, hay una de las imágenes que he utilizado que creo que define con plenitud lo que está pasando: una fábrica abandonada del Rust Belt americano. Estamos viviendo las consecuencias de una globalización que ha terminado por perjudicar a quienes la iniciaron. Hace ya muchos años Javier Solana dijo que el mundo no era más pobre, sino que sencillamente la riqueza se estaba redistribuyendo y era el turno de Asia. Eso, lógicamente, tiene sus consecuencias. Creo que, en efecto, EE.UU se ha pegado un tiro en el pie y ahora tira el orden internacional porque ya no le interesa. Solo le quedan su potencia militar y, no lo olvidemos, su (por el momento) superioridad tecnológica.
Sobre China, creo que no está buscando la confrontación global (armada), no solo porque sabe que perdería, sino porque nunca la ha buscado (aunque es cierto que las distancias con las potencias de la época -Roma- eran casi insalvables). Se limita a frotarse las manos, como bien dices, porque el medio plazo juega a su favor. Aunque sus debilidades estructurales (sobre todo la demográfica) le vayan a dar quebraderos de cabeza. Lo que haga con Taiwan, creo, depende más de lo que haga Trump, pero no olvidemos que en 1949 es el centenario de la República Popular China. Y hay un hito marcado en el Partido Comunista para esa fecha: la reunificación.
Sobre Europa, nos falta un Mark Carney. Y, de momento, no se ve. Más que Atenas, somos Alejandría: una rica colonia comercial y cultural, sin ningún poder político real.
Gran análisis! Y, desde mi experiencia profesional, lo peor es que esta situación de pérdida de legitimidad del de arriba por culpa de la imposición arbitraria de sus deseos está permeando poco a poco a todos los niveles de la sociedad, sustituyendo el diálogo de lo que se quiere hacer por la orden de lo que hay hacer (sin explicación ninguna coherente).
Efectivamente. Es increíble cómo somos capaces de admitir cosas impensables antes solo porque haya un referente que las haga. Síntoma de su hegemonía. Esperemos que China no tome nota de actuaciones como la de Venezuela y decida emprenderlas con la misma impunidad de una vez contra Taiwán. Gracias por comentar.
Javier, excelente análisis. Me ha encantado tu ensayo.
El giro de la Trampa de Tucídides con EEUU como la Atenas que pierde legitimidad en vez de como Esparta amenazada es especialmente interesante. Y la conexión con el discurso de Carney en Davos está muy bien traída.
Quería añadir una capa sobre China que creo complementa tu análisis: Concuerdo en que no busca confrontación abierta, pero no creo que sea un mero observador pasivo.
China está activamente construyendo arquitectura alternativa, tanto monetaria (CIPS, y corredor del oro), como infraestructura física (Belt & Road como red de dependencias), tecnológica (semiconductores propios aunque aún lejos de los avanzados), y comercial (diversificación deliberada hacia ASEAN, África, LATAM). No solo espera a que el sistema se derrumbe. Lo está desmontando gradualmente desde dentro, pero con sus reglas del juego de estrategia de Go, frente a la dinámica de poker de EEUU.
Sobre Europa, coincido en el dilema del prisionero, pero añadiría que Europa enfrenta una contradicción adicional: quiere autonomía estratégica pero sigue dependiendo estructuralmente de EEUU en semiconductores, defensa y energía. Y aunque está haciendo movimientos en esa dirección, no son rápidos ni sencillos.
De nuevo, gracias por tu excelente análisis y las metáforas que nos traen ecos del pasado, da mucho que pensar.
Sobre tu comentario, efectivamente China no es en absoluto “un mero observador pasivo”. Desde luego no pretendía dar a entender eso. Tiene un plan claro de restitución de su liderazgo mundial, cedido solo en el último par de siglos. Pero juega con prudencia y el largo plazo.
Sobre Europa, efectivamente como apuntaba en el enlace que he dejado a otro artículo, enfrenta un dilema poliédrico y nada sencillo. Pero habrá que enfrentarlo.
«Ese vacío es semejante al que también se vivió en los años 30 del siglo XX tras el declive británico y antes del liderazgo estadounidense, y que resurge hoy ante el cuestionamiento del rol global de EEUU y la emergencia de China, generando incertidumbre y crisis.»
Quizá es inevitable echar la vista al siglo XX como comparación y guía sobre lo que está sucediendo, pero me pregunto si es posible extrapolar aquel vacío de poder con el actual. Un mundo recién salido de una guerra a escala sin precedentes, con los vencidos en una precaria situación económica (Alemania), una precariedad vital y material de la población incomparable con la actual...Tengo la sensación de que ante incertidumbre y la angustia respecto a qué va a pasar (razonable que la sintamos) caemos en la exageración y saltamos demasiado rápido a un contexto muy diferente del nuestro, pese a todo y afortunadamente.
Buena precisión, Juan Carlos. Los paralelismos con los años treinta pueden ser excesivos. Aunque desde la Gran Recesión de 2008, como con el crack de 1929, hemos vivido ciertas estructuras semejantes innegables (populismos nacionalistas que triunfan y comienzan a volverse autoritarios, en el seno de una nueva ola de Kondratiev, por ejemplo).
Dicho esto, la referencia que citas no es tanto mía como de la trampa de Kindleberger que estaba comentando ahí (https://en.wikipedia.org/wiki/Kindleberger_Trap). Y que, efectivamente, es discutible.
Gracias, Javier. Tenía la sensación de que dicho argumento era parte o ampliación de la trampa de Kindleberg (por cierto, muchas gracias por descubrírmelo, y también a Kondratiev. Tengo tarea por delante). Un gustazo de artículo que da pie a reflexionar y a aprender.
He leído el texto con interés y también los comentarios, porque se nota que hay reflexión honesta y ganas de entender qué está pasando. Dicho eso, me permito una observación desde otro ángulo: gran parte del análisis descansa en marcos narrativos muy potentes (Tucídides, trampa, orden, declive), pero no termina de explicitar un criterio operativo que permita distinguir cuándo ese marco ayuda a entender la realidad y cuándo empieza a sustituirla. En otras palabras: el texto explica muy bien cómo puede interpretarse lo que ocurre, pero no deja claro cómo verificar si esa interpretación reduce confusión o simplemente añade otra capa de relato. A mí me resulta útil un enfoque más austero: auditar cualquier narrativa preguntando si reduce fricción real, si aclara decisiones concretas y, sobre todo, bajo qué condiciones estaría equivocada. Sin condición de fallo, incluso una metáfora brillante corre el riesgo de convertirse en profecía auto-cumplida. Si te sirve como contraste, hay textos muy cortos (Bio-Tesis sobre eficiencia y auditoría) que intentan hacer justo eso: decir poco, pero dejando claro qué las invalidaría. No como alternativa ideológica, sino como herramienta de limpieza conceptual. Lo comparto sin ánimo de refutar ni de sentar cátedra, solo porque creo que hoy el mayor riesgo no es equivocarnos, sino sentir que entendemos algo solo porque suena coherente.
Te agradezco el interesante comentario. Tienes mucha razón en que no se especifica ese criterio. Pero tengo serias dudas de que eso fuera posible. Las metáforas pueden ser peligrosas siempre, pero útiles para inspirar, para pensar por analogía. Eso no nos garantiza nada porque bien podríamos estirarla demasiado y que fuera improcedente hacernos sacar ninguna conclusión con ella. Creo que tendremos que contentarnos con esas otras miradas que nos ofrecen. Pero todos son relatos, que a veces se autocumplen, y otras veces nos hacen errar el tiro. Por eso, como bien dices, no debemos acomodarnos por coherente que suene el relato que nos contamos. Aún así tengo curiosidad por esos textos cortos que mencionas.
He echado en falta algún matiz a la pax americana, que en este relato parece algo enteramente beneficioso y deseable. Entiendo que ese no era el tema del artículo y que quizás hubiera distraído de la cuestión principal, pero creo que hay que recordar que aquel "orden global" no era beneficioso para todos. Lo que Trump ha hecho en Venezuela es un juego de niños comparado con lo que EEUU hizo en Nicaragua, Chile o Argentina, por no hablar de Oriente Medio o Asia, y Carney mismo lo reconoce en su discurso, donde admite que la justicia internacional solo lo era para los aliados, por ejemplo (y no menciona, pero podría haberlo mencionado, el modo en que el FMI fue instrumentalizado con fines imperialistas, como describe Stiglitz). El "orden mundial" era un merienda de... blancos.
Dudo también un poco de la comparación con el problema de los tres cuerpos. En parte porque el mundo siempre ha sido multipolar en alguna medida, en parte porque el mundo es una red, no un sistema planetario. Y en redes, cuando crece la complejidad, generalmente crece la estabilidad (por eso las democracias son paradójicamente más estables que los sistemas autoritarios). Todo tiene un aspecto muy inestable ahora mismo, pero creo que son efectos de superficie, y que a medio plazo, una mayor "multipolaridad" será beneficiosa.
De todos modos, me sigue fascinando ese mecanismo misterioso que hace que la historia encuentre siempre al actor más apropiado para cada momento.
Quizá he pasado demasiado de puntillas, pero en absoluto he bendecido la pax americana. Ninguna pax (romana, sínica,...) ha carecido de fisuras. La cuestión es que, como apunta Carney, al menos buena parte del planeta lo disimulaba y esa careta ahora se ha caído porque ni siquiera sus más allegados mantienen el cartel ya.
Sobre el problema de los tres cuerpos, efectivamente es una simplificación. Pero en esa red de hegemones regionales, que ahora ya no pueden permanecer aislados y se interfieren necesariamente, hay polos más densos. Y creo que la fuerza de los acontecimientos está coagulando en tres grandes núcleos de poder (EEUU, China, Europa), con todas las limitaciones y ramificaciones que queramos admitir. Y otras potencias del Sur Global van ganando efectivamente peso, lo que podría llevarnos a una mayor estabilidad, pero no necesariamente. La cuestión es que aumenta nuestra incertidumbre (epistémica/existencial) y es más difícil de predecir. Ojalá, como dices, la multipolaridad sea beneficiosa, pero desde luego ha perdido algunos mecanismos como el de la destrucción mutua asegurada, y eso puede generar una espiral indefinida en la carrera armamentística entre el bueno, el feo y el malo hasta que a alguien se le escape un dedo. La diferencia fundamental es que ningún emperador romano loco tuvo ese poder de autodestrucción planetaria.
Dejando de lado que el colonialismo e imperialismo tuvieron cosas positivas (ej: menos conflictos inter-étnicos en los nuevos Estados nacionales que surgieron en África), coincido contigo. Trump es en este sentido una bendición: es explícito. Entre Trump y predecesores hay un cambio de discurso, no de comportamiento. La prensa y la opinión ideologizada clamaba contra la ambición del malvado Trump de recibir el Nobel de la paz, pero todos aplaudieron a Obama...
Todas las instituciones supranacionales han servido a intereses especialmente americanos, sin que esto implique que no hayan beneficiado a muchos otros países, pues su diseño, cosmovisión y funcionamiento tenía orígenes claros. Luego pasaron a ingresar como miembros elites culturales y económicas internacionales cortadas por el mismo patrón, pero incluso esas (Mahbubani, p.ej.) llevan años criticando tales instituciones, la hipocresía y el doble-rasero occidental. Otra cosa es que esta política haya beneficiado a los EUUU a largo plazo, pero eso es otro tema. No solo son parciales en materia de conflictos internacionales, sino que lo son en materia económica (¿recetas de liberalización, confianza en la inversión e instituciones inclusivas en África? ¿prestamos del FMI y deudas impagables?¿WTF?) y en recomendaciones políticas democráticas contrarias a la evidencia histórica y al conocimiento teórico. En estas instituciones hay una mezcla de ideología, buena intención pero poco conocimiento, mera palabra y cero poder real, interés e instrumentalización, junto a un factor relevantísimo: tales instituciones son entes en sí mismos con intereses propios que buscan más miembros, mejores sueldos, más comisiones, más reuniones y más importancia, cosa que muchas veces explica su ineficiencia. Dicho esto: el derecho y la justicia internacional no es derecho ni existen en realidad.
Nunca ha habido un hegemón mundial, salvo quizás cuando el mundo estaba separado en regiones inconexas, y esto con pinzas. Eso sí, tras la IIGM y la debacle europea junto al subdesarrollo general, podía hablarse de bipolaridad, aunque la URSS y los EEUU solo eran hegemones regionales con capacidad de influencia limitada en todo el planeta. Tras la URSS hubo quizás una década o quince años en que los EEUU sí mantenían una asimetría muy marcada en poder y sus precursores con el resto, pero esto ya se acabó a inicios del 2000, aunque lo hayamos reconocido más tarde. El mundo es claramente multipolar desde entonces, siendo, además, una multipolaridad asimétrica por líneas históricas, demografía y geografía en sentido amplio. No obstante, para que haya guerra debe haber tierra y las distancias son insalvables, como mucho zona gris y guerras híbridas. Los EEUU siguen siendo un hegemón regional por ser un continente aislado del resto, mientras que China está tratando de conseguir ese mismo nivel en Asia Oriental. A nivel de influencia mundial, sin duda la cosa ya ha cambiado, a nivel económico desde hace años, también a nivel militar y en lo más cultural y discursivo (el origen realista proveniente de Europa de no interferir en asuntos internos de cada país y gestionar sólo las tensiones internacionales mutó en una injerencia democratizadora y occidental justificadora de ciertos conflictos. Buena parte del mundo está harta del imperialismo cultural y son quienes vuelven a defender un modelo westfaliano de no injerencia en lo interno desde hace años).
Creo que los niveles de incertidumbre sobre lo que puede pasar son más altos de los que hemos visto en el entorno geopolítico desde finales de los 80 (o incluso más). La gran diferencia que yo percibo es que Occidente es víctima de la urgencia de políticos egocéntricos y del propio sistema democrático (el corto plazo es más visible), mientras que China se puede permitir el lujo de tener paciencia y actuar a muy largo plazo. Precisamente por esto, creo que lo que tengo más claro es que China no invadirá Taiwán, sino que continuará aumentando su poder blando en la isla hasta que consiga manipular la opinión pública para que sean los propios taiwaneses los que quieran ser parte de China.
Sobre el discurso de Mark Carney, creo que también es importante escuchar las muchas críticas que hacen evidente una realidad: por mucho que nos parezca un gran discurso (y lo sea), no dista mucho de lo que África y Sudamérica llevan diciendo décadas con escasa repercusión en Europa y Canadá.
Sí, estoy de acuerdo en que el discurso de Mark Carney es novedoso porque lo dice Canadá, no porque no sea algo de lo que ya se vienen quejando otros países desde mucho tiempo. Hay algo de efecto Niemöller en todo esto. Pero es un paso que en décadas no se había producido.
Y muy de acuerdo con lo de Taiwán. Aunque creo que habrá un momento en que la invasión se producirá, aunque sea para "proteger" a esa "mayoría" que quiera ser parte de China... Y entonces, veremos.
Gracias por tu interesante comentario. Como siempre :)
Al menos Mark Carney ha tenido la decencia de reconocer que Occidente miró para otro lado cuando le convino y siguió colgando el letrero en la tienda todos los días.
Siempre ocurre igual: los giros se producen cuando un miembro poderoso que se ha aprovechado del sistema se da cuenta de ya no funciona: fue Churchill (el rico miembro del club) quien puso pie en pared contra Hitler cuando quiso romper el orden. De nada valió que España (un país periférico) fuese una llamada de atención.
Leía el otro día que sí, que estaba bien el discurso, pero que era muy "liberal" (en el sentido europeo de la palabra). Cierto. Pero más efectivo que un discurso proviniente del Sur Global, por venir de donde viene.
Señalas esa deriva tan interesante que es la tentación de convertir a Tucídides en un oráculo que explica cualquier choque entre potencias, como si la historia fuera un mecanismo y no un organismo. Lo que llamas “la nueva trampa” no es tanto un conflicto inevitable como una forma de mirar el mundo, o una profecía que se cumple porque quienes la invocan necesitan que se cumpla. En tu texto se ve con claridad que el peligro no está en el ascenso de nadie, sino en la narrativa que lo envuelve, en esa ansiedad estratégica que convierte cada gesto en un presagio.
¿Y cómo desmontar la comodidad intelectual de aplicar plantillas antiguas a realidades que ya no caben en ellas? Pues se trae a Tucídides servido como metáfora, sí, pero también como advertencia ya que cuando una civilización empieza a leerse a sí misma solo en clave de amenaza, deja de pensar y empieza a reaccionar. Y ahí es donde se estrecha el horizonte.
Tu análisis invita a algo más difícil, esto es, a mirar sin repetir, a pensar sin recurrir al repertorio de miedos heredados; a recordar que la historia no es un destino, sino un campo de decisiones. Y que, a veces, la verdadera trampa no es la que describe Tucídides, sino la que construimos al citarlo sin matices
Hola Javier.
Justamente el martes tengo que dar en clase el Orden Mundial. Como para hablarles de Tucídides a mis alumnos... Pero la verdad es que me bastaría con darles a leer tu ensayo.
Haciendo la presentación, hay una de las imágenes que he utilizado que creo que define con plenitud lo que está pasando: una fábrica abandonada del Rust Belt americano. Estamos viviendo las consecuencias de una globalización que ha terminado por perjudicar a quienes la iniciaron. Hace ya muchos años Javier Solana dijo que el mundo no era más pobre, sino que sencillamente la riqueza se estaba redistribuyendo y era el turno de Asia. Eso, lógicamente, tiene sus consecuencias. Creo que, en efecto, EE.UU se ha pegado un tiro en el pie y ahora tira el orden internacional porque ya no le interesa. Solo le quedan su potencia militar y, no lo olvidemos, su (por el momento) superioridad tecnológica.
Sobre China, creo que no está buscando la confrontación global (armada), no solo porque sabe que perdería, sino porque nunca la ha buscado (aunque es cierto que las distancias con las potencias de la época -Roma- eran casi insalvables). Se limita a frotarse las manos, como bien dices, porque el medio plazo juega a su favor. Aunque sus debilidades estructurales (sobre todo la demográfica) le vayan a dar quebraderos de cabeza. Lo que haga con Taiwan, creo, depende más de lo que haga Trump, pero no olvidemos que en 1949 es el centenario de la República Popular China. Y hay un hito marcado en el Partido Comunista para esa fecha: la reunificación.
Sobre Europa, nos falta un Mark Carney. Y, de momento, no se ve. Más que Atenas, somos Alejandría: una rica colonia comercial y cultural, sin ningún poder político real.
Enhorabuena por el texto, como siempre.
Gran análisis! Y, desde mi experiencia profesional, lo peor es que esta situación de pérdida de legitimidad del de arriba por culpa de la imposición arbitraria de sus deseos está permeando poco a poco a todos los niveles de la sociedad, sustituyendo el diálogo de lo que se quiere hacer por la orden de lo que hay hacer (sin explicación ninguna coherente).
Efectivamente. Es increíble cómo somos capaces de admitir cosas impensables antes solo porque haya un referente que las haga. Síntoma de su hegemonía. Esperemos que China no tome nota de actuaciones como la de Venezuela y decida emprenderlas con la misma impunidad de una vez contra Taiwán. Gracias por comentar.
Javier, excelente análisis. Me ha encantado tu ensayo.
El giro de la Trampa de Tucídides con EEUU como la Atenas que pierde legitimidad en vez de como Esparta amenazada es especialmente interesante. Y la conexión con el discurso de Carney en Davos está muy bien traída.
Quería añadir una capa sobre China que creo complementa tu análisis: Concuerdo en que no busca confrontación abierta, pero no creo que sea un mero observador pasivo.
China está activamente construyendo arquitectura alternativa, tanto monetaria (CIPS, y corredor del oro), como infraestructura física (Belt & Road como red de dependencias), tecnológica (semiconductores propios aunque aún lejos de los avanzados), y comercial (diversificación deliberada hacia ASEAN, África, LATAM). No solo espera a que el sistema se derrumbe. Lo está desmontando gradualmente desde dentro, pero con sus reglas del juego de estrategia de Go, frente a la dinámica de poker de EEUU.
Sobre Europa, coincido en el dilema del prisionero, pero añadiría que Europa enfrenta una contradicción adicional: quiere autonomía estratégica pero sigue dependiendo estructuralmente de EEUU en semiconductores, defensa y energía. Y aunque está haciendo movimientos en esa dirección, no son rápidos ni sencillos.
De nuevo, gracias por tu excelente análisis y las metáforas que nos traen ecos del pasado, da mucho que pensar.
Gracias, Blanca.
Sobre tu comentario, efectivamente China no es en absoluto “un mero observador pasivo”. Desde luego no pretendía dar a entender eso. Tiene un plan claro de restitución de su liderazgo mundial, cedido solo en el último par de siglos. Pero juega con prudencia y el largo plazo.
Sobre Europa, efectivamente como apuntaba en el enlace que he dejado a otro artículo, enfrenta un dilema poliédrico y nada sencillo. Pero habrá que enfrentarlo.
Gracias a ti por pasarte y comentar.
Fantástico, Javier. Muchas gracias.
Tengo mis dudas respecto a esta idea:
«Ese vacío es semejante al que también se vivió en los años 30 del siglo XX tras el declive británico y antes del liderazgo estadounidense, y que resurge hoy ante el cuestionamiento del rol global de EEUU y la emergencia de China, generando incertidumbre y crisis.»
Quizá es inevitable echar la vista al siglo XX como comparación y guía sobre lo que está sucediendo, pero me pregunto si es posible extrapolar aquel vacío de poder con el actual. Un mundo recién salido de una guerra a escala sin precedentes, con los vencidos en una precaria situación económica (Alemania), una precariedad vital y material de la población incomparable con la actual...Tengo la sensación de que ante incertidumbre y la angustia respecto a qué va a pasar (razonable que la sintamos) caemos en la exageración y saltamos demasiado rápido a un contexto muy diferente del nuestro, pese a todo y afortunadamente.
Gracias nuevamente por tu texto.
Buena precisión, Juan Carlos. Los paralelismos con los años treinta pueden ser excesivos. Aunque desde la Gran Recesión de 2008, como con el crack de 1929, hemos vivido ciertas estructuras semejantes innegables (populismos nacionalistas que triunfan y comienzan a volverse autoritarios, en el seno de una nueva ola de Kondratiev, por ejemplo).
Dicho esto, la referencia que citas no es tanto mía como de la trampa de Kindleberger que estaba comentando ahí (https://en.wikipedia.org/wiki/Kindleberger_Trap). Y que, efectivamente, es discutible.
Un saludo.
Gracias, Javier. Tenía la sensación de que dicho argumento era parte o ampliación de la trampa de Kindleberg (por cierto, muchas gracias por descubrírmelo, y también a Kondratiev. Tengo tarea por delante). Un gustazo de artículo que da pie a reflexionar y a aprender.
Un abrazo.
Me alegro. Por si te interesa Kondratiev, aquí una de mis primeras publicaciones en Substack al respecto: https://newsletter.ingenierodeletras.com/p/hacia-una-nueva-revolucion-tecnoeconomica.
Abrazo.
He leído el texto con interés y también los comentarios, porque se nota que hay reflexión honesta y ganas de entender qué está pasando. Dicho eso, me permito una observación desde otro ángulo: gran parte del análisis descansa en marcos narrativos muy potentes (Tucídides, trampa, orden, declive), pero no termina de explicitar un criterio operativo que permita distinguir cuándo ese marco ayuda a entender la realidad y cuándo empieza a sustituirla. En otras palabras: el texto explica muy bien cómo puede interpretarse lo que ocurre, pero no deja claro cómo verificar si esa interpretación reduce confusión o simplemente añade otra capa de relato. A mí me resulta útil un enfoque más austero: auditar cualquier narrativa preguntando si reduce fricción real, si aclara decisiones concretas y, sobre todo, bajo qué condiciones estaría equivocada. Sin condición de fallo, incluso una metáfora brillante corre el riesgo de convertirse en profecía auto-cumplida. Si te sirve como contraste, hay textos muy cortos (Bio-Tesis sobre eficiencia y auditoría) que intentan hacer justo eso: decir poco, pero dejando claro qué las invalidaría. No como alternativa ideológica, sino como herramienta de limpieza conceptual. Lo comparto sin ánimo de refutar ni de sentar cátedra, solo porque creo que hoy el mayor riesgo no es equivocarnos, sino sentir que entendemos algo solo porque suena coherente.
Salu² Yoka.
Hola Yoka.
Te agradezco el interesante comentario. Tienes mucha razón en que no se especifica ese criterio. Pero tengo serias dudas de que eso fuera posible. Las metáforas pueden ser peligrosas siempre, pero útiles para inspirar, para pensar por analogía. Eso no nos garantiza nada porque bien podríamos estirarla demasiado y que fuera improcedente hacernos sacar ninguna conclusión con ella. Creo que tendremos que contentarnos con esas otras miradas que nos ofrecen. Pero todos son relatos, que a veces se autocumplen, y otras veces nos hacen errar el tiro. Por eso, como bien dices, no debemos acomodarnos por coherente que suene el relato que nos contamos. Aún así tengo curiosidad por esos textos cortos que mencionas.
Gracias por pasarte.
"Un flequillo naranja", LOL.
Gran análisis, amplio, sobrio y razonable.
He echado en falta algún matiz a la pax americana, que en este relato parece algo enteramente beneficioso y deseable. Entiendo que ese no era el tema del artículo y que quizás hubiera distraído de la cuestión principal, pero creo que hay que recordar que aquel "orden global" no era beneficioso para todos. Lo que Trump ha hecho en Venezuela es un juego de niños comparado con lo que EEUU hizo en Nicaragua, Chile o Argentina, por no hablar de Oriente Medio o Asia, y Carney mismo lo reconoce en su discurso, donde admite que la justicia internacional solo lo era para los aliados, por ejemplo (y no menciona, pero podría haberlo mencionado, el modo en que el FMI fue instrumentalizado con fines imperialistas, como describe Stiglitz). El "orden mundial" era un merienda de... blancos.
Dudo también un poco de la comparación con el problema de los tres cuerpos. En parte porque el mundo siempre ha sido multipolar en alguna medida, en parte porque el mundo es una red, no un sistema planetario. Y en redes, cuando crece la complejidad, generalmente crece la estabilidad (por eso las democracias son paradójicamente más estables que los sistemas autoritarios). Todo tiene un aspecto muy inestable ahora mismo, pero creo que son efectos de superficie, y que a medio plazo, una mayor "multipolaridad" será beneficiosa.
De todos modos, me sigue fascinando ese mecanismo misterioso que hace que la historia encuentre siempre al actor más apropiado para cada momento.
Gracias, Eduardo.
Quizá he pasado demasiado de puntillas, pero en absoluto he bendecido la pax americana. Ninguna pax (romana, sínica,...) ha carecido de fisuras. La cuestión es que, como apunta Carney, al menos buena parte del planeta lo disimulaba y esa careta ahora se ha caído porque ni siquiera sus más allegados mantienen el cartel ya.
Sobre el problema de los tres cuerpos, efectivamente es una simplificación. Pero en esa red de hegemones regionales, que ahora ya no pueden permanecer aislados y se interfieren necesariamente, hay polos más densos. Y creo que la fuerza de los acontecimientos está coagulando en tres grandes núcleos de poder (EEUU, China, Europa), con todas las limitaciones y ramificaciones que queramos admitir. Y otras potencias del Sur Global van ganando efectivamente peso, lo que podría llevarnos a una mayor estabilidad, pero no necesariamente. La cuestión es que aumenta nuestra incertidumbre (epistémica/existencial) y es más difícil de predecir. Ojalá, como dices, la multipolaridad sea beneficiosa, pero desde luego ha perdido algunos mecanismos como el de la destrucción mutua asegurada, y eso puede generar una espiral indefinida en la carrera armamentística entre el bueno, el feo y el malo hasta que a alguien se le escape un dedo. La diferencia fundamental es que ningún emperador romano loco tuvo ese poder de autodestrucción planetaria.
Gracias por comentar.
Bastante de acuerdo, Edu.
Dejando de lado que el colonialismo e imperialismo tuvieron cosas positivas (ej: menos conflictos inter-étnicos en los nuevos Estados nacionales que surgieron en África), coincido contigo. Trump es en este sentido una bendición: es explícito. Entre Trump y predecesores hay un cambio de discurso, no de comportamiento. La prensa y la opinión ideologizada clamaba contra la ambición del malvado Trump de recibir el Nobel de la paz, pero todos aplaudieron a Obama...
Todas las instituciones supranacionales han servido a intereses especialmente americanos, sin que esto implique que no hayan beneficiado a muchos otros países, pues su diseño, cosmovisión y funcionamiento tenía orígenes claros. Luego pasaron a ingresar como miembros elites culturales y económicas internacionales cortadas por el mismo patrón, pero incluso esas (Mahbubani, p.ej.) llevan años criticando tales instituciones, la hipocresía y el doble-rasero occidental. Otra cosa es que esta política haya beneficiado a los EUUU a largo plazo, pero eso es otro tema. No solo son parciales en materia de conflictos internacionales, sino que lo son en materia económica (¿recetas de liberalización, confianza en la inversión e instituciones inclusivas en África? ¿prestamos del FMI y deudas impagables?¿WTF?) y en recomendaciones políticas democráticas contrarias a la evidencia histórica y al conocimiento teórico. En estas instituciones hay una mezcla de ideología, buena intención pero poco conocimiento, mera palabra y cero poder real, interés e instrumentalización, junto a un factor relevantísimo: tales instituciones son entes en sí mismos con intereses propios que buscan más miembros, mejores sueldos, más comisiones, más reuniones y más importancia, cosa que muchas veces explica su ineficiencia. Dicho esto: el derecho y la justicia internacional no es derecho ni existen en realidad.
Nunca ha habido un hegemón mundial, salvo quizás cuando el mundo estaba separado en regiones inconexas, y esto con pinzas. Eso sí, tras la IIGM y la debacle europea junto al subdesarrollo general, podía hablarse de bipolaridad, aunque la URSS y los EEUU solo eran hegemones regionales con capacidad de influencia limitada en todo el planeta. Tras la URSS hubo quizás una década o quince años en que los EEUU sí mantenían una asimetría muy marcada en poder y sus precursores con el resto, pero esto ya se acabó a inicios del 2000, aunque lo hayamos reconocido más tarde. El mundo es claramente multipolar desde entonces, siendo, además, una multipolaridad asimétrica por líneas históricas, demografía y geografía en sentido amplio. No obstante, para que haya guerra debe haber tierra y las distancias son insalvables, como mucho zona gris y guerras híbridas. Los EEUU siguen siendo un hegemón regional por ser un continente aislado del resto, mientras que China está tratando de conseguir ese mismo nivel en Asia Oriental. A nivel de influencia mundial, sin duda la cosa ya ha cambiado, a nivel económico desde hace años, también a nivel militar y en lo más cultural y discursivo (el origen realista proveniente de Europa de no interferir en asuntos internos de cada país y gestionar sólo las tensiones internacionales mutó en una injerencia democratizadora y occidental justificadora de ciertos conflictos. Buena parte del mundo está harta del imperialismo cultural y son quienes vuelven a defender un modelo westfaliano de no injerencia en lo interno desde hace años).
Muy interesante, Calda.
De acuerdo en general. Ya he apuntado mis matices en la respuesta a Eduardo.
Creo que los niveles de incertidumbre sobre lo que puede pasar son más altos de los que hemos visto en el entorno geopolítico desde finales de los 80 (o incluso más). La gran diferencia que yo percibo es que Occidente es víctima de la urgencia de políticos egocéntricos y del propio sistema democrático (el corto plazo es más visible), mientras que China se puede permitir el lujo de tener paciencia y actuar a muy largo plazo. Precisamente por esto, creo que lo que tengo más claro es que China no invadirá Taiwán, sino que continuará aumentando su poder blando en la isla hasta que consiga manipular la opinión pública para que sean los propios taiwaneses los que quieran ser parte de China.
Sobre el discurso de Mark Carney, creo que también es importante escuchar las muchas críticas que hacen evidente una realidad: por mucho que nos parezca un gran discurso (y lo sea), no dista mucho de lo que África y Sudamérica llevan diciendo décadas con escasa repercusión en Europa y Canadá.
Gran texto, Javi. Como siempre :)
Sí, estoy de acuerdo en que el discurso de Mark Carney es novedoso porque lo dice Canadá, no porque no sea algo de lo que ya se vienen quejando otros países desde mucho tiempo. Hay algo de efecto Niemöller en todo esto. Pero es un paso que en décadas no se había producido.
Y muy de acuerdo con lo de Taiwán. Aunque creo que habrá un momento en que la invasión se producirá, aunque sea para "proteger" a esa "mayoría" que quiera ser parte de China... Y entonces, veremos.
Gracias por tu interesante comentario. Como siempre :)
Hola Miguel
Al menos Mark Carney ha tenido la decencia de reconocer que Occidente miró para otro lado cuando le convino y siguió colgando el letrero en la tienda todos los días.
Siempre ocurre igual: los giros se producen cuando un miembro poderoso que se ha aprovechado del sistema se da cuenta de ya no funciona: fue Churchill (el rico miembro del club) quien puso pie en pared contra Hitler cuando quiso romper el orden. De nada valió que España (un país periférico) fuese una llamada de atención.
Leía el otro día que sí, que estaba bien el discurso, pero que era muy "liberal" (en el sentido europeo de la palabra). Cierto. Pero más efectivo que un discurso proviniente del Sur Global, por venir de donde viene.
Señalas esa deriva tan interesante que es la tentación de convertir a Tucídides en un oráculo que explica cualquier choque entre potencias, como si la historia fuera un mecanismo y no un organismo. Lo que llamas “la nueva trampa” no es tanto un conflicto inevitable como una forma de mirar el mundo, o una profecía que se cumple porque quienes la invocan necesitan que se cumpla. En tu texto se ve con claridad que el peligro no está en el ascenso de nadie, sino en la narrativa que lo envuelve, en esa ansiedad estratégica que convierte cada gesto en un presagio.
¿Y cómo desmontar la comodidad intelectual de aplicar plantillas antiguas a realidades que ya no caben en ellas? Pues se trae a Tucídides servido como metáfora, sí, pero también como advertencia ya que cuando una civilización empieza a leerse a sí misma solo en clave de amenaza, deja de pensar y empieza a reaccionar. Y ahí es donde se estrecha el horizonte.
Tu análisis invita a algo más difícil, esto es, a mirar sin repetir, a pensar sin recurrir al repertorio de miedos heredados; a recordar que la historia no es un destino, sino un campo de decisiones. Y que, a veces, la verdadera trampa no es la que describe Tucídides, sino la que construimos al citarlo sin matices
Muy interesante 😃, cierto. Lo incluimos en el diario 📰 de Substack en español?
Muy bien, gracias.
Muy interesante. Gracias por compartir
Me alegro, Nacho. Gracias por difundirlo.