Asisto encantado a este debate entre Pablo y tú. Como no tengo la respuesta, me ha dado por imaginar (pensando a lo grande) cómo afrontará el drama de la supervivencia una forma de vida que no esté basada en el carbono. ¿Es este dilema exclusivo de nuestro pequeño planeta, o la búsqueda de un sentido subyace en la arquitectura profunda de la vida en el universo?
Ps. Vengo de viaje con un jetlag tremendo. Debe ser por eso que se me ocurren estas cosas.
Yo creo que, al margen de que no sabemos cómo sería otra forma de “vida” que no estuviera basada en el carbono, si existe una estructura cognitiva y emocional como la nuestra, la búsqueda de sentido emergería en general, aunque pudiera haber individuos que decidieran rechazarla.
Yo soy de esos que suele rechazar la necesidad de «un sentido a la vida». Pero por lo general, cuando entro en esa discusión, obvio lo más importante: sí que reconozco que hay un sentido, pero para mí ese sentido lo suelo limitar simplemente a estar a gusto.
Dicho de otra forma, lo que rechazo de forma frontal es esa necesidad que algunos quieren imponer sobre objetivos en la vida que, desde mi punto de vista, generan mucha más frustración que ganas de tirar adelante. De forma tangencial, es un poco lo que me pasa con el gran cuento del sueño americano.
La cuestión es justamente la condición que pones: si existe una estructura cognitiva y emocional similar. Tal vez la vida se abra camino de otra forma en otros lugares... Y entonces nuestra angustia existencial es solo una de las maneras posibles de vivir. En fin, que sigo sonado.
Desde mi manera de ver la vida, sobrevivir pasa por encontrar soluciones a las adversidades. No hay futuro, solo el aquí y ahora. Como dice mi madre: "farem pel que ens trobarem". Yo no lo entendía. Me carcomía y me hundía pensando en más allá de lo inmediato. La vida y sus zancadillas me han enseñado a tirar pa'lante con lo que tengo. Tengo un propósito a largo plazo, pero en esp no hay prisa. Lo que corre prisa es ahora. Entiendo que no todo el mundo es capaz de buscar soluciones o, mejor dicho, no todo el mundo tiene una red de personas que sostienen.
También es cierto que no sé cómo habría sobrevivido en una sotuación límite como el Holocausto. No lo veo claro.
Pobre Nietzsche, qué discípulos más extraños se le adhirieron en el siglo XX.
En el debate Pablo/Javier, nature/nurture, yo llevaría el argumento aún más lejos en el camino del aprendizaje. El concepto mismo de fenotipos del comportamiento es problemático, los estudios con gemelos solo suelen demostrar correlaciones (y suelen pecar de problemas metodológicos) y nadie ha encontrado aún el gen del "temperamento fuerte" o el de la intensidad de los impulsos sexuales (ni siquiera de la orientación sexual) ni el de la agresividad, etc. Pero es que, aunque existieran, todos nuestros impulsos básicos han sido mediados por ese enorme sistema de aprendizaje que ha co-evolucionado con nosotros: dos millones de años de desarrollo del cerebro a costa del estómago, los mismos dos millones durante los cuales se alargaron nuestras infancias hasta durar 11 o 12 años, dan para todo tipo de mediaciones. Y puede ser que algunos aprendizajes fundamentales, determinantes a nivel estructural, se den en los primeros meses de vida, con lo cual resultarían indistinguibles de la herencia genética en los estudios estadísticos.
En cualquier caso, incluso cuando existen determinaciones biológicas de base, el ser humano, al contrario que las ratas, se define por mediarlas. Como señalas en el artículo, somos capaces de vencer incluso el instinto de supervivencia cuando morimos por una causa, pero también incluso el famoso "gen egoísta" cuando decidimos no reproducirnos, últimamente en una escala no vista jamás en ninguna especie animal...
Muy interesante tu aportación, Eduardo. Aprendizajes tan tempranos suelen descartarse, por falta de madurez como para adquirirlos, pero dan que pensar. 2 millones de años de evolución para perfilar nuestra especie en entornos bien distintos al nuestro dan ciertamente para mucho. Pero hay ciencia muy razonable y rigurosa, como la que Pablo suele compartir, que ya superó hace mucho la simple correspondencia gen-rasgo. Misterios muy interesantes, en cualquier caso.
Hombre Javier, no es por polemizar, pero creo que el aprendizaje de los primeros meses de vida debe de ser enorme. Todas las conexiones neuronales iniciales están siendo establecidas (un millón por segundo en los tres primeros años, desde el primer día). Y si entendemos el conocimiento como un sistema estructural y acumulativo, este conocimiento inicial tiene que ser literalmente fundacional...
Sí, desde luego, en términos de apego o psicomotricidad, de construcción de un “sistema del mundo”, tienes toda la razón. Hablaba más de otros comportamientos mucho más elaborados como los que comentábamos aquí sobre el sentido de la vida. Pero indudablemente aquellos son fundacionales y podrían influir de forma compleja y un tanto opaca en estos.
A veces pensamos que lo que nos mantiene a flote es nuestra fuerza, cuando en realidad es la memoria de que alguien, alguna vez, nos sacó del agua. El experimento de Richter con ratas mostró que bastaba una breve ayuda para que el animal resistiera horas en lugar de minutos.
Quizá ahí está la clave: no siempre se trata de encontrar un gran sentido trascendente como proponía Frankl, sino de recordar que no estamos solos. Una mano, un gesto, una palabra pueden convertirse en ese salvavidas invisible que prolonga nuestra resistencia.
Nietzsche decía que “lo que no te mata, te hace más fuerte”. Pero tal vez habría que añadir: lo que no te mata, muchas veces, es porque alguien te enseñó que todavía vale la pena luchar.
Muchas gracias Javier. Qué gran artículo y qué placer leerlo. Ojalá ocurra ese debate entre Pablo y tú, porque es un gran melón es que se abre en estos días acerca del libre albedrío y la carga genética.
Es maravillosa la casualidad de encontrar, ¡y así de bien escrito!, un asunto sobre el que uno mismo intentó debatir torpemente hace dos días. Adoro esta sensación de sentirse comprendido, acompañado y además ser ilustrado.
Y también el lujo de poder dar las gracias al autor directamente. 🤗
Muy bien escrito (y editado) y en la línea que nos tienes acostumbrados. Gracias.
De la lectura de esta entrada, me han surgido varias preguntas, pero quizá la que subyace y destaca en torno a la obra de Frankl, cuando en su día lo leí, es: ¿No es acaso el hombre (ser humano) un "animal espiritual", que busca sentido y dimensión a su paso por la existencia, venciendo obstáculos e insignificancias connaturales? Creo que sin este aspecto de la conciencia, la supervivencia es un mero trámite, cuyo resultado depende, como suele decirse, del individuo y sus circunstancias.
Asisto encantado a este debate entre Pablo y tú. Como no tengo la respuesta, me ha dado por imaginar (pensando a lo grande) cómo afrontará el drama de la supervivencia una forma de vida que no esté basada en el carbono. ¿Es este dilema exclusivo de nuestro pequeño planeta, o la búsqueda de un sentido subyace en la arquitectura profunda de la vida en el universo?
Ps. Vengo de viaje con un jetlag tremendo. Debe ser por eso que se me ocurren estas cosas.
Yo creo que, al margen de que no sabemos cómo sería otra forma de “vida” que no estuviera basada en el carbono, si existe una estructura cognitiva y emocional como la nuestra, la búsqueda de sentido emergería en general, aunque pudiera haber individuos que decidieran rechazarla.
Yo soy de esos que suele rechazar la necesidad de «un sentido a la vida». Pero por lo general, cuando entro en esa discusión, obvio lo más importante: sí que reconozco que hay un sentido, pero para mí ese sentido lo suelo limitar simplemente a estar a gusto.
Dicho de otra forma, lo que rechazo de forma frontal es esa necesidad que algunos quieren imponer sobre objetivos en la vida que, desde mi punto de vista, generan mucha más frustración que ganas de tirar adelante. De forma tangencial, es un poco lo que me pasa con el gran cuento del sueño americano.
La cuestión es justamente la condición que pones: si existe una estructura cognitiva y emocional similar. Tal vez la vida se abra camino de otra forma en otros lugares... Y entonces nuestra angustia existencial es solo una de las maneras posibles de vivir. En fin, que sigo sonado.
Desde mi manera de ver la vida, sobrevivir pasa por encontrar soluciones a las adversidades. No hay futuro, solo el aquí y ahora. Como dice mi madre: "farem pel que ens trobarem". Yo no lo entendía. Me carcomía y me hundía pensando en más allá de lo inmediato. La vida y sus zancadillas me han enseñado a tirar pa'lante con lo que tengo. Tengo un propósito a largo plazo, pero en esp no hay prisa. Lo que corre prisa es ahora. Entiendo que no todo el mundo es capaz de buscar soluciones o, mejor dicho, no todo el mundo tiene una red de personas que sostienen.
También es cierto que no sé cómo habría sobrevivido en una sotuación límite como el Holocausto. No lo veo claro.
Pobre Nietzsche, qué discípulos más extraños se le adhirieron en el siglo XX.
En el debate Pablo/Javier, nature/nurture, yo llevaría el argumento aún más lejos en el camino del aprendizaje. El concepto mismo de fenotipos del comportamiento es problemático, los estudios con gemelos solo suelen demostrar correlaciones (y suelen pecar de problemas metodológicos) y nadie ha encontrado aún el gen del "temperamento fuerte" o el de la intensidad de los impulsos sexuales (ni siquiera de la orientación sexual) ni el de la agresividad, etc. Pero es que, aunque existieran, todos nuestros impulsos básicos han sido mediados por ese enorme sistema de aprendizaje que ha co-evolucionado con nosotros: dos millones de años de desarrollo del cerebro a costa del estómago, los mismos dos millones durante los cuales se alargaron nuestras infancias hasta durar 11 o 12 años, dan para todo tipo de mediaciones. Y puede ser que algunos aprendizajes fundamentales, determinantes a nivel estructural, se den en los primeros meses de vida, con lo cual resultarían indistinguibles de la herencia genética en los estudios estadísticos.
En cualquier caso, incluso cuando existen determinaciones biológicas de base, el ser humano, al contrario que las ratas, se define por mediarlas. Como señalas en el artículo, somos capaces de vencer incluso el instinto de supervivencia cuando morimos por una causa, pero también incluso el famoso "gen egoísta" cuando decidimos no reproducirnos, últimamente en una escala no vista jamás en ninguna especie animal...
La conversación es fascinante en cualquier caso.
Muy interesante tu aportación, Eduardo. Aprendizajes tan tempranos suelen descartarse, por falta de madurez como para adquirirlos, pero dan que pensar. 2 millones de años de evolución para perfilar nuestra especie en entornos bien distintos al nuestro dan ciertamente para mucho. Pero hay ciencia muy razonable y rigurosa, como la que Pablo suele compartir, que ya superó hace mucho la simple correspondencia gen-rasgo. Misterios muy interesantes, en cualquier caso.
Hombre Javier, no es por polemizar, pero creo que el aprendizaje de los primeros meses de vida debe de ser enorme. Todas las conexiones neuronales iniciales están siendo establecidas (un millón por segundo en los tres primeros años, desde el primer día). Y si entendemos el conocimiento como un sistema estructural y acumulativo, este conocimiento inicial tiene que ser literalmente fundacional...
Sí, desde luego, en términos de apego o psicomotricidad, de construcción de un “sistema del mundo”, tienes toda la razón. Hablaba más de otros comportamientos mucho más elaborados como los que comentábamos aquí sobre el sentido de la vida. Pero indudablemente aquellos son fundacionales y podrían influir de forma compleja y un tanto opaca en estos.
A veces pensamos que lo que nos mantiene a flote es nuestra fuerza, cuando en realidad es la memoria de que alguien, alguna vez, nos sacó del agua. El experimento de Richter con ratas mostró que bastaba una breve ayuda para que el animal resistiera horas en lugar de minutos.
Quizá ahí está la clave: no siempre se trata de encontrar un gran sentido trascendente como proponía Frankl, sino de recordar que no estamos solos. Una mano, un gesto, una palabra pueden convertirse en ese salvavidas invisible que prolonga nuestra resistencia.
Nietzsche decía que “lo que no te mata, te hace más fuerte”. Pero tal vez habría que añadir: lo que no te mata, muchas veces, es porque alguien te enseñó que todavía vale la pena luchar.
Muchas gracias Javier. Qué gran artículo y qué placer leerlo. Ojalá ocurra ese debate entre Pablo y tú, porque es un gran melón es que se abre en estos días acerca del libre albedrío y la carga genética.
Un saludo!
Es maravillosa la casualidad de encontrar, ¡y así de bien escrito!, un asunto sobre el que uno mismo intentó debatir torpemente hace dos días. Adoro esta sensación de sentirse comprendido, acompañado y además ser ilustrado.
Y también el lujo de poder dar las gracias al autor directamente. 🤗
Muchas gracias a ti por apreciarlo así y comentarlo.
Saludos, Javier:
Muy bien escrito (y editado) y en la línea que nos tienes acostumbrados. Gracias.
De la lectura de esta entrada, me han surgido varias preguntas, pero quizá la que subyace y destaca en torno a la obra de Frankl, cuando en su día lo leí, es: ¿No es acaso el hombre (ser humano) un "animal espiritual", que busca sentido y dimensión a su paso por la existencia, venciendo obstáculos e insignificancias connaturales? Creo que sin este aspecto de la conciencia, la supervivencia es un mero trámite, cuyo resultado depende, como suele decirse, del individuo y sus circunstancias.
Me gustaría conocer tu opinión.
Gracias